Malentendido
por Julia Inés Greco - Agosto del 2005
 
 
Vivimos inmersos en el malentendido.
Para donde viremos encontramos equívocos, desencuentros, desilusiones o engaños.
Vivimos inmersos en el lenguaje.

La realidad es un malentendido imposible de evitar, inherente al lenguaje y producto del mismo. No podría "ser" sin él porque, si bien nombrar no es existir, es la única existencia posible.
El equívoco es inevitable y además es lo menos equívoco, porque es ahí donde se ubica la verdad del sujeto.

¿Qué propone el psicoanálisis?
Sostener y soportar el malentendido, la insistencia de lo no abarcado, de lo imposible de abarcar. Mantener un pensamiento crítico, no acabado. Descubrirlo como la única realidad posible

Aquellas terapéuticas ó prácticas, de cualquier tipo, que en su seno rechacen al malentendido, persiguen en sí la añoranza de un encuentro colmado por La explicación, La respuesta, La garantía, La salvación, la eternidad. El "para siempre" implicado en todas ellas, nombra una repetición y un detenimiento perpetuos.

De un tiempo a hoy se escucha más desesperado el requerimiento de una satisfacción inmediata.
¿Qué se critica frecuentemente del psicoanálisis como tratamiento?
Que es largo, costoso y de resultado incierto.
Quienes lo critican demandan: un resultado seguro, en el menor tiempo posible y sin costo, ó con el menor posible.
Pero todo no es posible. Y el costo es inevitable.

Algo no tan evidente para quienes, tentados de no perder, prefieren la ilusión.

PSICO-ANALISIS VS. PSICO-LOGIA

La lectura de la "realidad" que ofrecen las prácticas "sintéticas" -no analíticas- debería imponerse taxativamente a todos si la verdad fuese única, como la postulan.
Pero como, justamente la realidad es una lectura, existen distintas interpretaciones. Lo ocurrido, la ocurrencia es lo interpretable. Lo ocurrido no es lo Real.

El malentendido resulta la intervención por excelencia, el equívoco.
Aquello, que diariamente tratamos de evitar, resulta vía el análisis lo más liberador, lo que nos saca del encierro y del goce de un único sentido.

Una vez escuche a una señora de avanzada edad responder a la pregunta ¿qué es lo más importante de la vida?: "si lo supiera… –contestó- todo sería más fácil…pero menos divertido".
Es cierto, no habría chiste ni equívoco ni malentendido ni inconciente, todo sería univoco y eso no tiene gracia. …-De nada.
¿De qué cura el psicoanálisis?
De que se le siga dando a la vida el sentido que generó el destino de la enfermedad. ¿Qué es el destino sino el sentido otorgado a la existencia?


FICCIONES

Mientras este texto iba tomando forma, me tope con un escrito de Mario Vargas Llosa que se titula "Las mentiras verdaderas". En él se pregunta cómo y por qué nacen las historias. Considero oportuno transcribir aquí algunos de sus párrafos.


"Como para las sociedades, para el individuo es también una actividad primordial, una necesidad de la existencia, una manera de sobrellevar la vida. ¿Por qué necesita el hombre contar y contarse historias? Quizá porque… así lucha contra la muerte y los fracasos, adquiere cierta ilusión de permanencia y de desagravio. Es una manera de recuperar, dentro de un sistema que la memoria estructura con ayuda de la fantasía, ese pasado que cuando era experiencia vivida tenía el semblante del caos. El cuento, la ficción, gozan de aquello que la vida vivida -en su vertiginosa complejidad e imprevisibilidad- siempre carece: un orden, una coherencia, una perspectiva, un tiempo cerrado que permite determinar la jerarquía de las cosas y de los hechos, el valor de las personas, los efectos y las causas, los vínculos entre las acciones. Para conocer lo que somos, como individuos y como pueblos, no tenemos otro recurso que salir de nosotros mismos y, ayudados por la memoria y la imaginación, proyectarnos en esas "ficciones" que hacen de lo que somos algo paradójicamente semejante y distinto de nosotros. La ficción es el hombre "completo", en su verdad y en su mentira confundidas.
Las historias son rara vez fieles a aquello que aparentan historiar, por lo menos en un sentido cuantitativo: la palabra, dicha o escrita, es una realidad en sí misma que trastoca aquello que supuestamente transmite, y la memoria es tramposa, selectiva, parcial. Sus vacíos, por lo general deliberados, los rellena la imaginación: no hay historias sin elementos añadidos. Estos no son jamás gratuitos, casuales; se hallan gobernados por esa extraña fuerza que no es la lógica de la razón sino la de la oscura sinrazón. Inventar no es, a menudo, otra cosa que tomarse ciertos desquites contra la vida que nos cuesta vivir, perfeccionándola o envileciéndola de acuerdo a nuestros apetitos o a nuestro rencor, es rehacer la experiencia, rectificar la historia real en la dirección que nuestros deseos frustrados, nuestros sueños rotos, nuestra alegría o nuestra cólera reclaman. En este sentido, ese arte de mentir que es el del cuento es, también, asombrosamente, el de comunicar una recóndita verdad humana.
En su indiscernible mezcla de cosas ciertas y fraguadas, de experiencias vividas e imaginarias, el cuento es una de las escasas formas –quizá la única- capaz de expresar esa unidad que es el hombre que vive y el que sueña, el de la realidad y el de los deseos.
"
El criterio de la verdad es haberla fabricado" escribió Giambattista Vico, quien sostuvo, en una época de gran beatería científica, que el hombre sólo era capaz de conocer realmente aquello que él mismo producía. Es decir no la Naturaleza sino la Historia (la otra, aquella con mayúscula). ¿Es cierto eso? no lo sé, pero su definición describe maravillosamente la verdad de las historias con minúscula, la verdad de la literatura. Esta verdad no reside en la semejanza o esclavitud de lo escrito o dicho –de lo inventado- a una realidad distinta, "objetiva", superior, sino en sí misma en su condición de cosa creada a partir de las verdades y mentiras que constituyen la ambigua totalidad humana."