Angustia – Del tratamiento corto al análisis de corte.
por
Viviana Valdés
- Mayo del 2006
Cuántas veces el psicoanálisis aparece cuestionado por su insuficiencia para abordar ciertas denominadas nuevas patologías. Tiene la escucha psicoanalítica incidencia en términos tan americanos como es el panic attack?
Pero, qué es curar en psicoanálisis? Es prudente hablar de cura en psicoanálisis? Por que esta pulsión de defensa de la cura psicoanalítica? Cuál es el ataque?
Lo que ataca, desde la óptica del yo, es lo que no cesa de no inscribirse, eso que insiste, se repite, pulsionalmente, aunque no quiera el yo.
Y desde las terapias breves, también se repite, el cuestionamiento al psicoanálisis sobre su eficacia; pero no en función de producir nuevo saber, sino en un intercambio de lugares donde pareciera que lo importante es el fallecimiento del psicoanálisis, mientras los sujetos son los que padecen el ataque: de pánico, de ansiedad, de angustia.
La angustia, tan compacta en su decir, pero también tan fulminante en su accionar, es utilizada en estos enfoques breves, y hasta se ha convertido en estandarte fálico, de sus tratamientos bien promocionados, por la rapidez y economía.
Y si el concepto de angustia presenta esa ductilidad, es porque no se instala en la estructura del sujeto, pasa y arrasa. Pero como la peste que engendramos desde el psicoanálisis, a partir de la formulación del inconsciente, tenemos nuevamente malas noticias: el efímero paso de la angustia, no está relacionado con la eficacia de estas prácticas breves, sino con su propia forma de manifestación.
Y sin nombrarlo, porque el lenguaje no puede decirlo todo, pero en este caso también como una forma de negación, no hay terapia breve que no contenga en su esencia, la diferencia fundamental determinada por Freud entre angustia neurótica y angustia real.
El foco de estas, las terapias breves, es la angustia neurótica, a la que llaman ataque, dejando al sujeto atacado y estancado en este diagnóstico que no tiene pregunta por el sujeto, por el deseo del sujeto, ni estructura. La angustia, no hace estructura.
Y además, están obviando que si de neurosis se habla, es porque hay algo que ya no pertenece al registro consciente, sino que se halla regido por ese otro descubrimiento de Freud, que es el registro de lo inconsciente.
Con lo cual, cómo curar en el yo, algo que es de otro espacio, cuadro, registro? Solo con magia o religión.
Es cierto, otro de los argumentos que utilizan las terapias breves para su acotado, por corto, digo, modo de operar; es la premisa, también freudiana, de que la única sede de la angustia es el yo. Es decir, que ubica al yo como el único capaz de sentir y producir angustia.
Pero otra vez toman la parte por el todo, desdicen la neurosis y reducen la falta primordial que determina una estructura, de la cual el yo es solo una parte. Nuevamente, porque la cosa insiste, ya estarán advertidos, no es posible tratar la neurosis asociada a un registro inconsciente y al mismo tiempo – todo no se puede - tomar al yo como centro del sujeto, y por tanto de su curación.
Entonces, con estas consideraciones, parece que el panic attack, nuevo sólo en su denominación extranjera, no es más que la angustia neurótica de Freud, establecida fundamentalmente por la falta de un objeto determinado, definido, que la desencadene. La angustia, se produce, en diferentes momentos, escenas y lugares, sin ligadura, pero dejando atado al sujeto, sujetado a un lugar, en un estado de impotencia, sin posibilidad de actuar.
Esta falta de objeto determinado, tan típico de la deriva pulsional, y de la angustia que nos ocupa, genera en el sujeto una serie de manifestaciones somáticas, que por intensas, dejan a quien la padece, en un estado de parálisis, imposibilitado de huir, o lo que es lo mismo, actuar.
Y si bien para Freud la angustia era producida por el saber inconsciente que tiene el sujeto de la inminencia de la pérdida, sí logra cumplir con su deseo, que asociado al Edipo, al incesto indefectiblemente lo remite a la castración. En el planteo de Lacan, que profundiza la cuestión, la angustia no se produce por la posibilidad de la pérdida, sino en ausencia de la misma.
Porque si cuando el sujeto tiene posibilidad de actuar, y en ese acto determina su posición de sujeto, porque permite una elección, su opuesto, la impotencia, inmovilidad, solo es pensable como lugar de objeto, sin palabras, actos ni posición.
Volviendo al planteo de Freud, en la angustia, no hay objeto determinado que la produzca; entonces, nos dice Lacan, es el sujeto el que queda ubicado en ese lugar.
El sujeto en la máxima certeza, colmado de sentido, de saber, de respuesta, no tiene nada más que esperar, ni que desear, todo esta dicho, hecho, nada inacabado, que permita la búsqueda de una mejor culminación, no hay ningún orificio por donde emprender una salida, otra, distinta, inacabada, pero propia, que relance la posibilidad de otra cosa, distinta a ser sólo un panic attack.
En esta conclusión, es viable pensar que una rápida coartada es indicar al sujeto el lugar de la salida … enseñarle, podemos decir?, a no dejarse ubicar como una cosa, como un objeto, por favor! A quererse un poco más, a no dejarse avasallar.
Pero el circulo vicioso – pulsional? – no se corta. En la indicación, que no es sino una orden, el sujeto queda siempre sin su decir, tomado por el diagnostico breve y supuestamente terapéutico, por lo tanto nuevamente avasallado, querido según el otro, por otro, para otro.
Si el otro sabe todo, sabe cual es mi lugar, que posibilidad tengo, y para qué voy a buscar una respuesta, perseguir un deseo, rodear, circular, buscar, andar, actuar?
Siguiendo a Lacan, lo que determina entonces la posibilidad de funcionamiento del sujeto, pensado ahora como un sistema, es su falta, pero también es cierto que en su funcionamiento de lo que se trata es de reducir, con el correr de los días, recuperar eso que falta.
En este conflicto de la estructura del sistema mismo, reafirmado por siniestros cotidianos, presentifica, en la realidad misma, la primacía de lo imposible, que es el juego entre el deseo y la muerte, que se juega hasta el final.
Las terapias breves, y sus recortadas lecturas, por cortas, digo, brindan una solución que pretende, como toda solución bien pensada, la eliminación del conflicto.
Pero si la cosa insiste, y el ataque vuelve, y las catástrofes no cesan, es porque en lugar de eliminarlo, el conflicto sólo puede ser desplazado, negando además de esa manera, la presencia de la muerte y la realidad del deseo.
Y si el psicoanálisis se sostiene en el lugar de la insuficiencia es porque ha hecho frente a la castración, y reconociendo la primacía de lo imposible, al decir de Lacan se compromete en las vías de lo posible para avanzar, como corresponde, es decir, cojeando.