Un escrito posible de la anorexia y la bulimia
por Viviana Valdés - Febrero del 2007
 
 
A pesar de la propaganda mediática, me propongo pensar la anorexia, la bulimia y la obesidad, en tanto avatares de la pulsión, y en función, primordialmente, de la relación madre/sujeto, la pregunta que me resuena con mayor insistencia, aunque no es la única, tiene que ver con el quehacer del analista en estos paradojales encuentros de la clínica.

En la Proposición del 9 de Octubre, dice Lacan: "Al comienzo del psicoanálisis está la transferencia." Pero sabemos que sostener una queja, pedir alivio para un sufrimiento no siempre implica que se trate de una demanda de análisis. Algunos pacientes, se presentan explicando una demanda en términos indefinidos, traídos por lo general por los padres, o derivados por el médico clínico. Exponen una particular posición frente al cuerpo, que constituye el único motivo de su sufrimiento. La demanda, entonces, es tan muda como la pulsión.

Se trata de una pulsión autoerótica, el goce se aloja en el cuerpo, suspende la acción de la cadena significante. El deseo está bloqueado, el sujeto se presenta al consultorio con un discurso hermético, cerrado, referido al peso, la comida, la balanza, las calorías, etc.

Sin duda es una forma especial de presentación clínica, donde se excluye la cadena significante, y se impone la acción. El obstáculo a la cadena significante implica un goce feroz, el sujeto y su pregunta quedan entre paréntesis e irrumpe el cuerpo con su silencio.

El sujeto está en una serie de repeticiones interminables, y no surge ningún interrogante, no hay implicación en sus construcciones discursivas. Porque no se trata del objeto, la comida, sino del acto, "donde el sujeto se toma como término, terminal de la pulsión" (Lacan - Seminario XI)

En la bulimia el sujeto clama por un más de Otro.
En el acto mismo, el de atiborrarse para luego vomitar, el sujeto intenta captar, recuperar, aquello que supone haber poseído alguna vez – La madre.
En su maniobra, dimensión del acto bulimico, intenta incluir al Otro para re - hallar el objeto, y a su vez, objeto mediante, re – hallar al Otro.
Pero incluye al Otro al insistir estar vacía, nada la colma. Y a través del alimento demanda un más del Otro, precisamente para poder colocarlo en menos, barrarlo, y así de carencia, en carencia poder constituirse.

En la anorexia el sujeto clama por un menos del Otro.
La restricción de alimento, también pensado como maniobra, se pretende excluir al Otro, logrando salvaguardar su deseo. Con su acto, se intenta crear en el Otro angustia, un agujero, colocándolo en menos.
Pero excluye al Otro sosteniendo estar llena, sosteniendo el deseo de nada.

El ser bulimica o anoréxica, se constituye así en una forma de situar al ser, de situar el goce, es decir, es un nombre propio hecho de goce.

Ahora, ¿qué tratamiento es posible más allá del discurso del amo? ¿o del discurso educativo –nutricional?, ¿cómo no caer, en un tratamiento que silencia aún más al sujeto y a su síntoma, en nombre de su bien? ¿qué hacer para no caer en la urgencia médica, y familiar?¿Qué es la urgencia en la clínica psicoanalítica?

Se trata, sin duda de operar con un movimiento que permita que el sujeto se inserte en la cadena asociativa y le permita entonces que aquello que hasta ahora mostró con el cuerpo, lo ponga en palabras.
¿Cuál es la urgencia del sujeto? No es la de recuperar el cuerpo sino la de retomar la vía de su deseo, ya que en tanto avanza el goce, el deseo queda anulado, retrocede.
En la clínica psicoanalítica, la urgencia tiene que ver con la urgencia subjetiva, conque hay una irrupción de goce pulsional sin barrera fálica, sin ordenamiento significante, que arrasa con el deseo.

En el Epílogo del Seminario XI dice Lacan "Lo horrible es que la relación que fomenta toda la cosa, no tiene que ver sino con el goce, y que la prohibición que arroja sobre él la religión junto con el pánico con que procede la filosofía, hace surgir una multitud de sustancias para sustituir a la única adecuada, la imposible da hablar por ser lo real".

El analista tendrá que operar un movimiento, crear las condiciones, para que el sujeto re- ubique su deseo, retome la vía de su deseo que quedó descarriado.
No se trata de hacer cualquier cosa, aunque no todo lo que hace un psicoanalista pueda ser enmarcado dentro del psicoanálisis, se trata de hacer guiado por la ética del psicoanálisis y por la apuesta de que allí, hay un sujeto.

¿Puede ser el acto de escribir una maniobra posible, en estos casos, para acceder al sujeto, imponiéndose sobre la mudez pulsional o el discurso nutricional y como primer paso para iniciar un análisis?

Para Dolto las producciones de dibujo y moldeado son auténticos fantasmas representados, desde los cuales se puede descifrar la estructura del inconsciente. Y también sostiene, en la misma línea, que las palabras para cobrar sentido, primero tienen que cobrar cuerpo; ser al mismo tiempo metabolizadas en una imagen del cuerpo relacional. (La imagen inconsciente del cuerpo - Dolto)

Justamente, los sujetos anoréxicos y bulimicos, actúan con la palabra de la misma manera que con el alimento: devoran, mastican, vomitan, evacuan alimentos así como palabras.
La materialidad del escrito, facilitaría, en este sentido que ceda la dificultad de poner en palabras la crisis.

Freud a su vez, hace una analogía entre la poesía, el sueño diurno y la fantasía como sustitutos del juego infantil, en tanto son expresión de deseo. ( El poeta y los sueños diurnos – Freud)

Y Lacan, en Función y campo de la palabra dice: "La función del lenguaje no es informar sino evocar (...) La palabra en efecto es un don del lenguaje, y el lenguaje no es inmaterial. Es cuerpo sutil, pero es cuerpo (...) El análisis no puede tener otra meta que el advenimiento de una palabra verdadera y la realización por el sujeto de su historia en su relación con el futuro. El mantenimiento de esta dialéctica se opone a toda orientación objetivante del análisis y destacar esta necesidad es capital para penetrar en la aberración de las nuevas tendencias manifestadas en el análisis".

Entonces, la función del lenguaje no es informar, sino evocar. A través de la función poética, a través de la metáfora y la metonimia, logra tal evocación.

La experiencia psicoanalítica puede encontrar, de esta manera en la función poética del lenguaje la mediación simbólica necesaria pare que el deseo circule, y neo quede atrapado en cuerpo mudo, preso del goce pulsional.

Y no se trata solo del sin sentido, sino de lo que la escritura poética evoca en su ausencia o vacio de significación. Por esto, el escrito puede tomar el papel de una nueva lengua para decir las cosas de un modo diferente.

Luego, en el Seminario XXIV, se pregunta "¿qué es lo que hay en el lenguaje más allá de la metáfora y la metonimia? Y dice el escrito".
Sugiere estudiar la escritura de la poesía china, no la poesía, sino su escritura, porque dice que si bien la poesía, como la verdad, es imaginariamente simbólica no siempre la verdad, no siempre la poesía despierta.
El despertar que nos interesa, es ese despertar que implica el advenimiento del sujeto.

A la pregunta de sí la verdad despierta o adormece, responde que depende de cómo sea dicha. La poesía dicha, por ejemplo, adormece. Entonces se trata de interrogar más bien la escritura.

Buscar en el escrito, en la escritura poética permite abrir el texto, abrir el decir, alojar el ser
Hay algo de goce que se juega en la poesía, y hay algo de goce, también al que se renuncia.
La poesía implica cierta renuncia al goce.

La letra trabaja junto con el significante, pero va más allá del campo del significante que remite a la metáfora y a la metonimia, que remite a las formaciones del inconsciente y al Sujeto Supuesto Saber. Y la letra como condensadora de goce, es la posibilidad que se desprenda ese goce que va adherido a la letra y que una significación nueva, aparezca, a partir de un nuevo significante.

Y porque de escribir se trata, dejo abierta la reflexión con las palabras de de dos grandes poetas,

Santiago Kovadloff en La creación del arte, nos dice "La literatura es expresión de la subjetividad no por que transmita el contenido interno de alguien. Es expresión de la subjetividad porque pone de manifiesto – escenifica – esta voluntad de ser de alguien. En tanto alguien pone de manifiesto su voluntad de ser (podríamos decir: ser sujeto), escribiendo, traduce su subjetividad.
Filosofía quiere decir deseo de saber, y esto es todo lo contrario a la sabiduría, es el debate apasionado por la ignorancia. Mientras uno desea saber, su sitio es de quien ignora. Puede ser filósofo en tanto no logre el saber, al lograrlo desaparece. La literatura, en este sentido se asemeja a la filosofía. No se escribe un poema para decir lo que se sabe, sino para liberarse del saber ficticio que agobia#. Y podemos pensar aquí en el saber del Otro, la madre que asfixia y vacía a la vez, de toda posibilidad de constitución de un sujeto al deseo.

Para Roberto Juarroz, "
la poesía no es nada más que la lucha por la expresión llevada a su último extremo. La escritura poética sería una posibilidad de inscribir en lo simbólico, de poner en palabras algo del goce inabordable".

Y nos dice"
la búsqueda de la libertad de las palabras es también la búsqueda de la libertad del ser (...) La poesía busca no la respuesta sino que ante la imposibilidad de dar respuestas del hombre, busca crear presencia que lo acompañe (...) Entendida como creación del ser, la poesía es la más alta verdad (...) La poesía es hacer frente a lo real, reconocerlo, convertirlo en palabras. Este proceso es siempre una aproximación, y es siempre un fracaso, porque siempre se podrá ir más allá".

"
El oficio de la palabra, más allá de la pequeña miseria y la pequeña ternura de designar esto o aquello es un acto de amor: Crear presencia".