En torno al vacío. Puntos de encuentro entre psicoanálisis y poesía
por Julia Inés Greco - Febrero del 2008
 
 
"Sin duda la letra mata, como dicen, cuando el espíritu vivifica. No lo negamos,…, pero preguntamos también cómo viviría sin la letra el espíritu. Las pretensiones del espíritu sin embargo permanecerían irreductibles si la letra no hubiese dado pruebas de que produce todos sus efectos de verdad en el hombre, sin que el espíritu intervenga en ello lo más mínimo. Esta revelación, fue a Freud a quien se le presentó, y su descubrimiento lo llamó el inconciente." (Jacques Lacan, "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud")


La invención del psicoanálisis como técnica de curación tuvo su origen en la palabra (talking cure, o cura por la palabra). Al principio tomada por su efecto liberador en tanto catártico, luego como la única vía de acceso posible al determinismo inconciente. Freud encontró en ella, en el discurso de sus pacientes, lo que llamó "realidad psíquica" y gracias a su escucha señaló los efectos que la misma tiene sobre el sujeto, los cuales pueden resultar patógenos.


De allí el invento de la técnica psicoanalítica, que tiene como regla fundamental la asociación libre y como presencia indispensable la escucha de un analista.


Con más herramientas a su favor, Lacan releyó estas cuestiones ubicando al lenguaje en el centro de la escena y formuló una de sus, hoy, repetidas frases: el inconciente está estructurado como un lenguaje.


Esto no es más que una breve, brevísima, introducción a lo que intento abordar aquí: la relación, o no-relación en el sentido de la no relación sexual, existente entre psicoanálisis y poesía; lo que me llevará a pasar por la metáfora, la metonimia y el vaciamiento de sentido. Es decir, otra forma de plantear el efecto liberador de la palabra, o del lenguaje.


Retomando un poco de lo dicho, hablé de palabra y de escucha, una escucha que es lectura pero que no está apartada del sonido. El analista lee una escritura que es sonido, no otorga significación.


¿Qué relación hay entre sonido y ruido?


La Real Academia Española establece como significado de
"sonido" lo siguiente:
-Sensación producida en el órgano del oído por el movimiento vibratorio de los cuerpos, transmitido por un medio elástico, como el aire.
-Realización oral de un fonema, constituida por rasgos pertinentes y no pertinentes.
En el mismo diccionario académico se encuentra por "ruido" lo siguiente:
-Sonido inarticulado, por lo general desagradable.
-Litigio, pendencia, pleito, alboroto o discordia.
-Apariencia grande en las cosas que no tienen gran importancia.


Si la articulación es una unión que permite cierta libertad de movimiento, la diferencia entre ambos entonces estaría dada por la incapacidad del ruido para permitir ese tipo de enlace. Es decir que el ruido remite a la fijeza, algo que puede producirse si se utiliza el lenguaje buscando asegurar certezas o significaciones estáticas en lugar de vivir los efectos poéticos que pueden resultar de él.


Con el ruido, con la fijeza de significación, a diferencia de con la música, parece que se dice cuando no se está diciendo nada; más bien se está violentando, apresando un significado. Con la música se dice, en tanto que es un lenguaje, para sentir no para establecer una verdad como única.


Lo que la poesía porta es la virtud del exceso, del plus, de esa chispa de sentido marcada por una ruptura, y en tanto tal efecto de verdad. Cuando leemos poesía, entendiéndola no como el escrito en verso, la versificación o la rima, sino como efecto poético que puede incluso encontrarse en un escrito en prosa, tenemos la sensación de liviandad, de creación, de que allí hay algo más que no está dicho expresamente pero que dice.


En lingüística los tropos del lenguaje son recursos, o licencias que se caracterizan por el uso de las palabras en un sentido distinto del habitual.
Entre ellos me ocuparé de la metáfora y la metonimia que son los que toma Lacan, en correspondencia freudiana con la condensación y el desplazamiento, como modos de funcionamiento del inconciente.


Esto fue introducido por Freud principalmente en "La interpretación de los sueños" y así lo trae Lacan en su escrito "La instancia de la letra…":


"La obra completa de Freud nos presenta una página de cada tres de referencias filológicas, una página de cada dos de inferencias lógicas, y en todas partes una aprehensión dialéctica de la experiencia, ya que la analítica del lenguaje refuerza en ella más aún sus proporciones a medida que el inconciente queda más directamente interesado.
Así es como en La interpretación de los sueños no se trata en todas las páginas sino de lo que llamamos la letra del discurso en su textura, en sus empleos, en su inmanencia a la materia en cuestión. Pues ese trabajo abre con la obra su camino real hacia el inconciente."



Y continúa:


"La primera cláusula articulada desde el capitulo liminar, porque su exposición no puede sufrir retraso, es que el sueño es un rébus. Y Freud estipula acto seguido que hay que entenderlo, como dije antes, al pie de la letra. Lo cual se refiere a la instancia en el sueño de esa misma estructura literante (dicho de otra manera, fonemática) donde se articula y se analiza el significante en el discurso…la imágenes del sueño no han de retenerse si no es por su valor de significante, es decir por lo que permiten deletrear del "proverbio" propuesto por el rébus del sueño. Esta estructura de lenguaje hace posible la operación de la lectura, está en el principio de la significancia del sueño, de la Traumdeutung."


El rébus es específicamente un acertijo gráfico, tomado piscoanalíticamente en tanto letra en el discurso del paciente; no es un simbolismo. El psicoanálisis no establece un manual de interpretación del sueño donde podamos buscar revelaciones, cual juego de quiniela; ni sostiene al mismo como una anunciación. El sueño nada dice si no es leído en la experiencia analítica en el discurso que allí importa.


Veamos un poco acerca de los tropos mencionados, que el psicoanálisis, Lacan de por medio, toma a su favor de los lingüistas Ferdinand de Saussure y Roman Jakobson: ambos recursos son las vertientes de la significación.


Primero es acertado recordar que el significante es articulado, la significación depende de la relación entre significantes. Hay que pensar en el lenguaje como estructura, como textura dirá Lacan en los párrafos extraídos anteriormente. Textura en tanto disposición de los hilos de una tela. Y recuerdo ahora la expresión coloquial referida a las posibilidades estructurales de un sujeto respecto de si tiene o no tela para la experiencia.Dicha disposición responde a estas leyes de metonimia y metáfora.
Para otorgar un sustrato topológico a la cadena significante Lacan también utilizará, como el mismo expresa, una aproximación ordinaria: anillos cuyo collar se sella en el anillo de otro collar hecho de anillos.


La "metonimia" es la conexión significante a significante de la cadena. Se apoya en el deslizamiento, la contigüidad. Está relacionada con el deseo y vinculada con lo que Freud denominó desplazamiento, en tanto referencia constante de un significante a otro, posponiendo perpetuamente el sentido. Por ello Lacan dirá que el deseo es metonimia y que tiene que ver con la carencia de ser.
Está representada por la dirección diacrónica, la horizontalidad.


La "metáfora" es la sustitución de un significante por otro en donde el significante oculto sigue presente por su conexión con el resto de la cadena. Está vinculada a lo que Freud denominó condensación y relacionada con la chispa creadora, poética, con el plus de sentido, el atravesamiento de la barra (resistencia a la significación) y el síntoma.
Está representada por la dirección sincrónica, la verticalidad.


Pensar en el discurso es pensar en ambas vertientes conjugadas, no se da la una sin la otra.


Leyendo a Lacan: "… puede decirse que es en la cadena del significante donde el sentido insiste, pero que ninguno de los elementos de la cadena consiste en la significación de la que es capaz en el momento mismo." (Jacques Lacan, "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud").


El significado se desliza por debajo del significante, hasta el momento evanescente de producción de un plus de sentido donde no hay sentido.


Ya que es la metáfora el recurso lingüístico donde puede hallarse ese "extra" inasible; extra en tanto "más de lo esperado" y en tanto "fuera de", pensando que ella es la relación de sustitución de un significante de la horizontalidad por otro significante de la cadena en la vertiente de la verticalidad; donde atrapamos en el mismo instante en que se escapa ese efecto de significación; ya que es ahí dónde se encuentra el efecto poético, es que me detendré un poco en la poesía.


"Lo que descubre esta estructura de la cadena significante es la posibilidad que tengo, justamente en la medida en que su lengua me es común con otros sujetos, es decir en que esa lengua existe, de utilizarla para significar muy otra cosa que lo que ella dice." (Jacques Lacan, "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud").


Un fonema es cada sonido mínimo diferenciable de una lengua y la música es la sucesión de sonidos modulados para recrear el oído, el arte de combinarlos conmoviendo la sensibilidad. El lenguaje tiene entonces la posibilidad estructural de lo musical, la maleabilidad de la poesía, al igual que su efecto de verdad al que hay que diferenciar de realidad.


Se escucha una música en la poesía; pero antes de continuar es oportuno aclarar que no me refiero a la rima, sino al ritmo, a una armonía. Las palabras en la poesía no hieren, sí dejan marca, permanecen a mano y permiten ser tomadas para decir acerca de lo indecible.


La música es un lenguaje, hay un escrito, una partitura que también se lee tanto en la horizontalidad como en la verticalidad y no tiene un sentido pre-establecido; sin embargo no puede negarse que se siente, en el cuerpo. Igual que el efecto poético que abre un descubrimiento, que produce temblores y trae nuevos aires aunque estos provengan apenas de un soplo.


Tanto la música como la poesía tienen ese efecto de sorpresa, nos quedamos boquiabiertos al escucharla y no hay nada para decir. Se produce ese silencio que permite que lo escuchado siga haciendo eco. Ese silencio está habitado por el vacío, no es un silencio producto de la represión.
No es un vacío que reclama ser llenado, sino que goza o mejor dicho que permite que gocemos, que nos relanza hacia otra cosa.


No todo el mundo soporta la poesía. Para hacerlo hay que soportar, o mejor dicho portar el vacío, el silencio. Aquellos que no pueden, frente a la poesía quieren entender, buscan traducir, y justamente algo propio del efecto poético es su imposibilidad de ser traducido.


"Aquello indecible, escandaloso y sublime, escandalosamente sublime, que el público interesado en el éxito justamente no comprende.
Como la lluvia surge del agua y vuelve al agua, como el mar asciende al cielo para regresar a sí mismo, así la poesía emerge del lenguaje y al lenguaje vuelve, purificándolo en su viaje desde los abismos a las alturas más remotas"
(Ivonne Bordelois "La palabra amenazada").


Algo similar al efecto poético es lo que produce una interpretación analítica. No porque el analista sea un poeta, más bien él es la clave que semblanteando permite que resuene esa otra cosa dicha; y no porque "esa" otra cosa sea, sino porque en el lenguaje se revela que se trata siempre de otra cosa; como el deseo o el inconciente que solo a veces y por espacios breves nos permite metafóricamente alcanzarlo cuando metonímicamente se escurre.


"La experiencia psicoanalítica no consiste en otra cosa que en establecer que el inconciente no deja ninguna de nuestras acciones fuera de su campo". (Jacques Lacan, "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud").


Si el campo del inconciente es el lenguaje, nuestras acciones no quedan fuera de él, nuestro espíritu se constituye ahí. ¿Acaso no es en principio el verbo? La propuesta de la libre asociación como regla fundamental de la experiencia se sostiene en este fundamento.


Freud propone alcanzar por ahí el núcleo de nuestro ser.


"…"eso" que nos propone alcanzar no es algo que pueda ser objeto de un conocimiento, sino aquello, ¿acaso no lo dice él mismo?, que hace mi ser y de lo cual, nos enseña él, doy testimonio tanto y aún más en mis caprichos, en mis aberraciones, en mis fobias y en mis fetiches que en mi personaje vagamente vigilado". (Jacques Lacan, "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud").
Podemos agregar: en los síntomas, en los sueños, en los fallidos.


"Es que al tocar, por poco que sea, la relación del hombre con el significante, aquí conversión de los procedimientos de la exégesis, se cambia el curso de la historia modificando las amarras de su ser". (Jacques Lacan, "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud").


Es esa liviandad, esa libertad la que se habilita en el pasaje por un análisis. La que permite flotar a la deriva, sin anclas, sin en ese peso que nos ata a una superficie que nos entrega siempre el mismo paisaje. Flotar a la deriva significante, donde podemos dejar de ser para hacer.


La imposibilidad de soportar el vacío decanta en una búsqueda y posterior aferramiento a la realidad. Y ahí aparecen esas montañas de información, de alertas, de alarmas con que nos bombardean, dónde sólo encontramos violencia. Y no me refiero precisamente a la violencia que se quiere reprimir buscando la seguridad o la garantía para evitar pérdidas, sino a la violencia que ata el significado al significante, a ese forzamiento me refiero. Los imposibilitados de poesía son quienes sólo pueden utilizar al-armas en lugar de herramientas, como son los tropos señalados aquí, para la producción de un sentido que por tal sea una música, sin sentido pero que pueda sentirse.


"Me basta en efecto con plantar mi árbol en la locución. Trepar al árbol, e incluso con proyectar sobre él la iluminación irónica que en un contexto de descripción da a la palabra: enarbolar, para no dejarme encarcelar en un comunicado cualquiera de los hechos, por muy oficial que sea, y, si conozco la verdad, darla a entender a pesar de todas las censuras entre líneas por el único significante que pueden constituir mis acrobacias a través de las ramas del árbol, provocativas hasta lo burlesco o únicamente sensibles a un ojo ejercitado, según que quiera ser entendido por la muchedumbre o por unos pocos." (Jacques Lacan, "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud").




De unos pocos.


Me dejo ir con libertad
Y en simultáneo estoy disfrutando de esto,
Dejándome llevar.
No me influencies con tus caprichos,
No me hagas concluir,
Tiene que ser eterno.
No me influencies mal.


Casualidad habernos encontrado,
Hagamos de casualidad.
Sinceridad, ¿a dónde vas?
No significa nada.
Sentir, pensar y actuar en un mismo lugar
Dejate ir, deja fluir, acaricia el relax.
Flota corriente abajo,
Que el río sale al mar.


("Casualidad" Adrián Rodríguez)




En un mismo tiempo, lo que ayer eterno
Entra en otras ropas,
lo casual desdobla lo tan cierto.
Las curvas que cruzan los planos tan rectos.
Y alguien busca sin temor el número imperfecto.


("El número imperfecto" Fernando Ruiz Díaz)




Entre aristas, a cuero abierto,
Hablas.
Suenan palabras con otro acento.
Canto extraño, inmenso, sutil.
Otro idioma,
Un nuevo dialecto.
Habla, habla.


("Dialecto" Fernando Ruiz Diaz)




En un lugar
Donde el tiempo no corre
Donde nada se llama
Donde simplemente sos.


("El lugar". Gabriel Ruiz Diaz)




Julia Inés Greco.
Febrero 2008.





Bibliografía: aquellos textos con los que me encontré y que dieron contexto a este trabajo.


Lacan, Jacques: "La instancia de la letra en el inconciente o la razón desde Freud". México. Siglo XXI. 21º edición, 2000.
Bordelois, Ivonne: "La palabra amenazada". Buenos Aires, Libros del Zorzal. 2005.
Garrofe, Pablo: "Lacan, entre el arte y la ideología. Letra, música, voz". Buenos Aires, Quadrata. 2007.