Cristal cortado al borde.O desde Moravia se ve Bohemia.

Por Alejandro Ruiz Galicia

Ando enfocado y la feria está llegando
Los envidiosos, por mí, que sigan hablando
No ha sido fácil, si supieran de donde empecé
Se escucha un dicho, que se sufre para merecer.

Jaziel Avilez.

"Ando enfocado", ando, en-focado. Una alusión directa al consumo de cristal. Cristina, hielo, ice, rirri, grillo, crico, cricrí, Cri, Cristobal: múltiples nombres para una sola sustancia, la metanfetamina. Esta proliferación de apelativos no es trivial: cada uno testimonia un intento por inscribir “algo” en el lenguaje sin nombrarlo, se asoma apenas, a-soma a-penas. La jerga permite decir sin decir, la fonética posibilita una cadena más o menos compartida en cada nicho, un código, un cifrado.

La metanfetamina es una sustancia sintetizada por primera vez en 1893 por el químico japonés Nagai Nagayoshi, a partir de efedrina, 1919 Akira Ogata desarrolló por primera vez la versión cristalizada de la metanfetamina. Esta permite a soldados permanecer durante largo tiempo sin sensación de cansancio, sueño, ni hambre, favoreciendo un estado de alerta prolongado acompañado de una sensación vigor físico y claridad mental. Con el nombre de Philopon los pilotos kamikaze recibían metanfetamina, con el nombre de Pervitin los soldados alemanes la recibían en tableta y Hitler la recibía por vía intravenosa de su médico personal.

Actualmente en México la “meta” semeja sal de grano o pequeños vidrios en distintos colores, puede ser administrado por distintas vías: esnifado, inyectado, diluido, absorbido analmente, y la más común: fumado. Esta última forma requiere con frecuencia una bombilla adaptada como pipa.

En México esta droga se produce clandestinamente en espacios abiertos a partir de sustancias legales en su mayoría. Quienes la cocinan lo hacen empíricamente en condiciones en su mayoría insalubres y poco atentas a la pureza del producto. El efecto de esta sustancia es más duradero que el de la cocaína y su costo es de apenas una fracción del de aquella. Hay quien dice que el rirri es la cocaína de los pobres. Largas jornadas de trabajo para los financieros de empresas trasnacionales, viajes de ida y vuelta desde el centro del país hasta la frontera norte, guardias médicas de más de 36 horas o más, días de borrachera que no termina de causar sopor, turnos dobles en la fábrica, noches de desvelo preparando un examen: son algunos de los usos corrientes del grillo. El sistema económico insaciable, el jefe insaciable, el adicto insaciable.

Un gramo da a un consumidor primerizo un empuje que va de varias horas a un par de días. Una persona que consume frecuentemente y ha desarrollado tolerancia a la sustancia, difícilmente consume más de tres gramos al día. Los días sin comer, dormir, beber agua, son también días de andar caliente, horny, con una censura más o menos disminuida que lleva a tomar decisiones que pueden cambiar la vida. Decisiones como una renuncia laboral; un compromiso amoroso; una relación sexual sin protección; conducción temeraria; apostar todo en una noche y una impresionante cantidad de formas de demostrar, lo frágil que es una vida.

Desde la psicología se escuchan síntomas del consumo como cefalea, taquicardia, mareo, rubor, despersonalización, insomnio, vértigo, desrealización, ansiedad, vacío, ideas de referencia, alucinaciones. Síntomas que se apuntan en la nota correspondiente y se le indica al paciente se le digan al médico, como parte del trabajo multidiciplinario para su mejor atención, síntomas a los que se dará seguimiento a través de interconsultas y que en su mayoría llegarán a nada. Síntomas bajo la etiqueta: no especificado. ¿Es esto un borde de las ciencias de la salud? ¿no inicia ahí el trabajo analítico? ¿puede ser que algo de la relación con nuestros pacientes se agazape en lo que parece cascajo, basura, un resto? Un resto, es un resto.

Trece años trabajé en sector público atendiendo riesgo suicida y adicciones. Eso me resultaba muy duro, uno tras otro, pronósticos reservados para la función, algunas veces para la vida. Al medio día ya había estado en consulta con dos personas que probablemente morirían tarde o temprano por algún efecto de su consumo. La tasa de éxito en el tratamiento cognitivo-conductual es alrededor del 40%. Aumentando a 60% con apoyo farmacológico para sustancias legales y suaves. Para sustancias como la cocaína el porcentaje cae en picada y para el cristal, no tenemos datos aún, sabemos que el consumo aumento un 400% en la última década, desde la psicología mexicana actual no hay guía de atención. Siete de cada diez pacientes con adicciones presentan más de un diagnóstico psicológico: trastorno límite de la personalidad, negativista desafiante, narcicismo, obsesivo compulsivo o algún otro. En la mayoría de los casos se observa también un trastorno del estado del ánimo; ansiedad generalizada, depresión, bipolaridad, distimia, quizá otro. Algunos pacientes con algún trastorno alimentario. Muchos con historial de abuso sexual, casi todos con una red de apoyo deficiente, y claro, el consumo de sustancias que regularmente implica un policonsumo, pues suelen mezclarse sustancias como el alcohol, el tabaco, la marihuana y el cristal.

Yo francamente pesaba que era un psicólogo hábil, cuento con reconocimientos de distintas instituciones en el país y algunas internacionales. ¿Y esto qué importa? Bueno, importa porque pone en cuestión la relación entre los bordes de la psicología, el psicoanálisis, las instituciones, los míos y cómo estos bordes se relacionan con los bordes de las personas que sienten muy chido y retefeo cuando se jalan una línea bien choncha.

Recuerdo a los pacientes en la salita de espera, mi mirada cargada de la experiencia con miles de pacientes se traducía en la elaboración del examen mental casi completo antes de nombrarles para pasar al consultorio. Casi siempre acertaba, pero no era un acierto alegre,  era un acierto que decía “al siguiente tintinear se rompe”, era como ver alguien que carga cristalería y va dando tumbos. Y sí, así pasó varias veces, jamás fue menos doloroso.

Quizá soy como esos aprendices de oficios que saben hacer algo con una herramienta especializada. Manufactura, técnica, producción. Quizá fui un vidriero que puso miles de ventanas. Pero un día ya no me encontré en ese trabajo, un día me atrapó la mirada una copa de cristal de bohemia a través de un aparador. Ni siquiera noté el vidrio que me separaba de la copa, el fino corte del cristal me arrobo con sus reflejos opalinos. Mi labor me pareció desdorada; alienada por los protocolos y las normas y el papeleo. Entonces, volví la mirada a esos cristaleros que han transmitido su arte de generación a generación. Personas que apuestan a un oficio como forma de vida.

Así los síntomas tomaron nuevas formas: un dolor de cabeza, corazón oprimido, ver la vida amar-y-ya, cinco meses sin regla, falta de sueño(s),  pérdida de peso, sonrisa a medias, olvido de las palabras, ¡objeto! ¡Extraño! en la garganta, olor a-sufre, ardor en la boca de este-amago, dolor de-lo-ido,  esta-hambre de colores...

Desde el psicoanálisis los síntomas no requieren traducción a la nomenclatura de la salud, sino que se leen desde el Otro. Ese Otro que habita en el sujeto y a lo cual los artistas son particularmente sensibles.

¿Qué nos dice Jaziel Avilez?  “Ando enfocado y la feria está llegando”:

Y vaya que hay feria en el foco. Las incautaciones y sólo las incautaciones de la última década permitirían, si ese dinero estuviese en billetes de 100 dólares y cada billete pesara un gramo, juntar 125 toneladas en billetes de 100 dolares. Sin embargo la feria no es para quien anda enfocado, sino para quien vende cristal cortado. En 2023, México encabezó el ranking de horas trabajadas de la OCDE, fue antepenúltimo en ingresos. “Ando enfocado y la feria está llegando” nos seduce con dos ilusiones; la del trabajo infatigable y la del éxito económico mediante la meritocracia. 

“Los envidiosos”, los envidiosos, esos que no tienen lo que yo tengo, esos que quisieran arrebatármelo, destruirlo, destruirme. “Por mí”, no por otro, es que hablan. Su envidia hace foco en mí, no en otros, soy yo el envidiado, por algo será. “Que sigan hablando”, algo se encuentra en la continuidad de la envidia, por mí tienen algo que decir, de mí se colman la boca, lo sé, no lo creo ni lo supongo, lo sé. Ese hombre quiere acostarse con mi mujer, quieren mi parte de la herencia, quieren mi silencio, quieren mi negocio, quieren mi estilo de vida, mi amigo quiere mi vida, mi amigo me quiere… quitar la vida. Un árbol cae porque se escucha, movieron de lugar el mueble porque lo oí, hablaban de mí porque los oí, lo niegan porque quieren hacerme creer que estoy loco. 

Los ingenuos esfuerzos de sostener lo que suele llamarse “realidad”, se transforman en el descredito del portavoz, en el señalamiento de este como parte de la conspiración e incluso en la muerte -simbólica o real- del mensajero.

“No ha sido fácil, si supieran de donde empecé”, hay una dificultad, obstáculo sobre el cual se triunfa, nada vino en charola de plata, soy el héroe que triunfó donde otros fracasaron. Sé de dónde empecé y ustedes no. Si supieran, pero no saben. Yo sé LA verdad, LA con mayúsculas. Yo soy LA verdad, la verdura del caldo, la mera verga, el motor de motores, la palabra que resuelve el crucigrama, soy el verbo; soy el que soy.

“Se escucha un dicho, alguien dice, no lo digo yo, se escucha. Se es enunciado por el otro. Dicen me parezco a Juana de Arco, dicen que me parezco al abuelo que no conocí, dicen que soy como mi madre. Dicen y esa indeterminación del enunciante se torna aplastante. Si el río suena es porque agua lleva.

“Que se sufre para merecer”; Merecimiento y sufrimiento se amalgaman al punto de ser inseparables. Goce lacaniano. No sé por qué lo hago si sé que me hace mal, no lo quiero hacer pero me ganan la ganas. Es más fuerte que yo, me des-espera, es insoportable, me saca de mí mismo.

Nos rendimos ante la demanda del otro de no rendirnos, no nos rendimos, no nos reconocemos impotentes. Rendimos y rendimos. Más allá de todo rendimos. ¿Quién no se muere el fin de semana y resucita al tercer día según las escrituras?  Corte al cansancio con cristal en la generación de cristal.

No sé a ustedes, pero a mí casi todos los vidrios de ventanas me parecen iguales. Con el cristal de bohemia la cosa no es tan así. El sonido que emite suele ser algo distinto incluso en copas similares, el tamaño de la boca, su tintineo, el largo del pie. En los candelabros; el tamaño de cada lágrima, su transparencia, la forma en que refracta y refleja la luz. El fino corte que hace pensar que ese era el borde exacto de la pieza. Ese corte que, como en la escultura, no hace más que descubrir la forma singular de esa pieza única. Los detalles como manifestación de la singularidad del sujeto.

Tomamos entre las manos piezas únicas, piezas que en el fracaso de su igualdad atesoran  lo irrepetible.  No se pueden maquilar adictos, maquilar encarnaciones del trastorno de personalidad emocionalmente inestable de la Clasificación Internacional de Enfermedades.

Desde la psicología se pueden establecer estrategias amplias alcanzando porcentajes de éxito cercanos al 50%, se pueden implementar herramientas para países como el nuestro, como la “La guía de ESTRATEGIAS DE AUTOAYUDA Para reducir o eliminar el consumo de sustancias de la Organización Panamericana de la Salud”, se puede apuntar en la contratapa de este folleto: “SALGA DEL LABERINTO DEL CONSUMO DE SUSTANCIAS PARA LOGRAR UNA MEJOR SALUD MUNDIAL”. Pero en esto último, ya no se pudo en consulta. O quizá sí, aunque yo no imagino a alguien, a una persona en particular, que vaya a salir del laberinto del consumo de sustancias por buscar “UNA MEJOR SALUD MUNDIAL”. Vemos aquí diferencias entre una propuesta analítica y una de la OPS en referencia al consumo.

No hay material despreciable pero hay que saber de dónde agarrarlo, ya de la psicología al psicoanálisis, ya del psicoanálisis a la psicología. Porque el vidrio y el cristal son frágiles, cada uno tiene su chiste y su función, y si no se trabaja cuidadosamente, cortan.

Salir del laberinto es algo que se puede hacer siempre que se tenga un hilo o que se opere en otra dimensión, ese hilo, esa dimensión, es el deseo. Las prohibiciones sociales y legales no tienen lugar en la terapéutica de las adicciones ni en el análisis que emprende alguien con una adicción. No se requiere de un pepe grillo que sancione el bien y el mal de cada acción. El análisis se coloca lejos de una corte marcial, lejos del juicio social. Se trata de hacerle la corte al corte, de enamorarse de eso que está en el consumo pero ya no es la metanfetamina, de ayudar al paciente a que descubra su amor a eso con lo él corta el cristal. Que note ese excedente que ya no es el grillo, sino de la singularidad con que cada paciente se coloca ahí. Que descubra el lugar de su amor, que se devele la bohemia en su alma, el tañido con que su corazón repiquetea en cada latido, en cada consumo, cada palabra, cada gesto, cada significante.

El corte hace el borde.  A veces se sufre para merecer, a veces se sufre sin merecer, a veces se merece sin sufrir. A veces desde un borde se alcanza a ver otro, así como en la época del imperio austro-húngaro, desde la Moravia que vio nacer a Freud, se podía ver la Bohemia conocida por su cristal.

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Urgen-Cía. El cristal como suplencia del lazo social éxito